De Vampiros y Otros Héroes: el
personaje sobrenatural en el guión cinematográfico actual
Una de las más importantes preguntas que me planteo
cuando pienso en las películas o series que a muchos tanto nos
gustan es: ¿por qué nos identificamos, amamos, obsesionamos,
enganchamos a un protagonista que es absolutamente irreal, que, por lo
general, conserva jirones de maldad provenientes de un pasado diabólico,
cuyo mayor mérito suele ser una inmortalidad que le vino dada,
y, usualmente, grande? La respuesta, supongo, es la misma que da pie a
cualquier experiencia gótica: cuanto más alejado de mi realidad
esté el argumento, cuanto menos humano sea el protagonista, más
fácilmente me escondo de un mundo en el que no hallo lugar. No
comprendo a los que están a mi alrededor, no acepto sus costumbres,
sus imposiciones, la sociedad que han construido sin mi participación
ni consentimiento pero en la cual me veo obligada a vivir sin remisión
sabiendo que jamás me sentiré integrada, por lo tanto, me
cobijo en un mundo de fantasía poblado de seres rebeldes y marginales,
que, al igual que yo, o no son o no se sienten humanos.
Así pues, ¿al abrigo de quién hallo
gótico refugio? ¿A quién crean para mí, cuáles
son las características comunes, si las hubiera, del héroe
sobrenatural moderno? O, lo que es lo mismo, ¿qué creen
los guionistas que nos gusta y por qué?
Las conclusiones no me hacen feliz. Los guionistas, no
importa de qué lado del charco -también muchos escritores,
pero no me voy a referir a ellos en este texto-, siguen un estereotipo
perfectamente definido. Lo único que queda es escoger al actor,
que a veces incluso se recicla de una serie a otra.
Doctor Who es la serie más antigua
a la que puedo referirme. Lleva
emitiéndose, con interrupciones, desde los años sesenta.
A la hora de escribir esto el Doctor ha vivido once encarnaciones. Once
actores distintos le han dado vida. No es abosultamente inmortal, puede
morir. No es humano, pero lo parece. No halla su lugar, puesto que su
planeta fue destruido y con él toda su especie. Está sólo,
pero siempre en compañía. Es el último de una estirpe,
los Señores del Tiempo, su fuerza reside en su genialidad y conocimientos.
Viaja a bordo de la TARDIS; una nave espacial que por fuera tiene la apariencia
de una cabina telefónica. En cada uno de sus viajes actúa
como salvador, bien de todo el género humano, bien de alguno en
concreto, o bien de otros alienígenas. La serie es producida por
la BBC. Para los británicos ya es tan seña de identidad
como el té. Tras más de seiscientos capítulos esforzándose
en escribir guiones originales no queda más remedio que repetir
"malos" y caer muy a menudo en el ridículo presentando
argumentos propios de Barrio Sésamo..., y sin acordarse de mejorar
los efectos especiales en los últimos cuarenta años. A veces
la considero una cutrez absoluta, pero, a saber por qué, no me
pierdo ni un capítulo, en especial tras la aparición de
nuestro segundo héroe: el capitán Jack Harkness, que pasaría
después a protagonizar eso que llaman un "spin-off",
es decir, una serie cuyo/s protagonistas aparecieron en otra anterior
y gustaron al público tanto como para que los productores decidieran
explotar el filón creando otra para él solito. La serie
en cuestión se titula Torchwood (anagrama de Doctor
Who).

Jack Harkness: Belleza interpretada por mi admirado John
Barrowman.
No es inmortal del todo, puesto que morirá tras un larguísimo
proceso de envejecimiento, pero hasta la fecha confiesa haber muerto y
resucitado más de mil veces. Está solo: es humano pero procede
del siglo 51. Se mueve por el tiempo como yo por mi casa. Está
aquí -en el siglo XXI-, para salvarnos de la invasión alienígena
que está comenzando. Es bisexual (omnisexual, en realidad). Tiene
un pasado con algunas maldades de las que arrepentirse y se siente culpable
del terrible destino que acaeció a su hermano pequeño. Como
los superhéroes de comic, inexplicablemente viste siempre de la
misma forma: camisa azul sobre camiseta blanca, pantalones y un largo
abrigo militar azul. ¿Por qué lleva siempre este atuendo
adquirido durante la segunda guerra mundial, en lugar de cambiar de ropa,
como sería lo normal? No nos molestemos en hacer cábalas
inútiles: es una manía corriente entre los héroes.
Una de las más antiguas series -dentro de su modernidad,
obviamente- muy premiada y de éxito internacional es Buffy
Cazavampiros. A primera vista su mayor diferencia con las dos
mencionadas es obvia: es mujer. Ahora vamos a ver que, en realidad, es
la única diferencia.
Buffy es humana y mortal, pero murió y fue resucitada.
Está
sola, se siente sola y se sabe sola. Es salvadora de la humanidad: matadora
de vampiros, diablos y otros engendros de la oscuridad. Y encima tiene
que realizar las tareas del hogar, traer dinero a casa y ocuparse de la
familia. Como en la vida real, la heroína femenina cumple diez
veces más funciones que sus colegas masculinos. Buffy es el único
héroe con familia estable y una vida autenticamente humana. ¡Y
además ella sí se cambia de ropa y hasta se maquilla!
Los guionistas la concibieron como un personaje con el que cualquier adolescente
del montón pudiera identificarse: no es excepcionalmente guapa,
ni lista ni tiene siempre todas las respuestas o planes perfectos para
acabar con el enemigo, se enamora del chico malo, tiene sexo para lidiar
con sus problemas, mete la pata, se arrepiente, sus amigos suelen no ser
tan nobles como deberían, tiene una hermana pequeña que
le complica la vida...
La serie nos presenta a otra heroína interesante: su amiga Willow,
otra chica corriente y moliente que llega a convertirse en la bruja más
poderosa jamás habida. Es lesbiana. Dicho sea de paso, en la octava
temporada de la serie, hasta el momento sólo disponible en comic,
la propia Buffy tiene una experiencia lesbiana.
Pero la razón de que yo haya visto bastantes capítulos
de esta serie es, como no, Spike (William, el sanguinario,
en sus comienzos), el vampiro amante de Buffy -bueno, uno de ellos-. Enterrando
su dolor, soledad y vulnerabilidad en sarcasmos e ironías, pálido
y delgado pero aun así atractivo, cumple, punto por punto, las
reglas de creación del héroe místico con toques góticos.
Nada es más importante para el pastor que recuperar a la oveja
perdida, enseña la Biblia. Innumerables ejemplos reales nos demuestran
el arraigo de esta creencia, y los que aporto en esta página nos
confirman sus firmes raices en la mente de nuestros guionistas. Varios
profetas muy amados por amplios segmentos de la humanidad llevaron una
juventud hedonista hasta que un momento de iluminación transformó
sus vidas. Muchos héroes sobrenaturales dedicaron parte de su vida
al asesinato (Xena, los vampiros) o, cuando menos, cometieron
tropelías de las que más tarde se arrepientieron, incluyendo,
como se ha visto, al anteriormente mencionado, Jack Harkness. Spike es
el epítome de este modelo: una buena persona -un poeta inocentón
que vivía con una madre a la que adoraba- a quien un acontecimiento
inesperado dirige a la senda del mal -tras su vampirización, con
la mejor de las intenciones decide vampirizar a su madre para tenerla
siempre a su lado, pero tras esto la encantadora señora se vuelve
cruel, le dice que jamás le ha querido, le intenta violar, y él
se ve obligado a acabar con ella, lo cual le convertirá en un ser
traumatizado y violento-. Pero luego llega el acontecimiento redentor,
la iluminación. La
eternidad en soledad es dura, ver envejecer y morir a los que te importan
frustrante, piensan todos los guionistas (que parecen una fotocopiadora
de ideas), y nos intentan convencer de ello. Spike se enamora y su deseo
de ser querido le conduce a ser bueno, a intentar volver a ser mortal,
incluso. Tras atravesar mil vicisitudes en la lucha contra el monstruo
que lleva dentro llega a salvar el mundo (¿había escrito
antes en estas páginas la palabra salvar?), lo cual le hace ganar
el premio gordo: un alma. Spike es un clon de Lestat,
si has leído algo de Anne Rice ya te habrás dado cuenta.
La pareja Lestat/Louis es clonada por nuestros guionistas en las figuras
Ángel/Spike. Spike no llegó a tener su propia serie secuela
probablemente porque el vampiro amante de Buffy anterior a él (Ángel)
ya la había conseguido, pero sí participó en ella,
titulada, Ángel, donde otro vampiro arrepentido
salva el mundo de las garras del mismo mal que antes le fuera tan caro.
Si bien no fue Ángel quien apadrinó a Spike, sí lo
fue una amante suya, con la cual rompió el corazón de Spike
y le guió y empujó al mundo de oscura maldad.
He aquí a Spike, con su uniforme vampírico
habitual. La camiseta puede ser negra, pero el abrigo de cuero negro,
o, en su defecto, la cazadora, no debe faltar. El pelo de nuestros héroes
es un punto crucial a señalar. No importa cuán mal vistan,
cuán sucios anden, en qué apocalíptica batalla peleen,
su peinado perfecto no disimula el empleo de tintes, abrillantadores y
fijadores. Sin embargo, aún sabiendo que obviamente se pretendía
que Spike fuese uno de los elementos que aportaban humor a la serie, me
pregunto, ¿no se pasaron un poco creando un vampiro que escoge
teñirse de rubio plátino?

Indudablemente mi momento favorito de todas estas series se produce en
el reencuentro capitán John Hart/capitán
Jack Harkness, durante el primer episodio de la segunda temporada de Torchwood.
A la izquierda.
Al beso apasionado le sucede una pelea descomunal, siguiendo los cánones
del erotismo masculino, que, por muchas razones, Russell T. Davies -creador
de Torchwood- conoce mejor que nadie.
James Marsters, ahora reciclado como capitán John
Hart, prácticamente repite el papel desarrollado en Buffy. Es más,
opino que Russell T. Davies es un ferviente admirador de la serie, porque
si no es imposible que se den tantos parecidos. El capitán Hart,
por el momento -la serie está en curso cuando escribo esto-, no
ha dicho o hecho nada que no hubiera podido hacer o decir Spike. Es malo,
sarcástico, pero noble en los momentos críticos, ansioso
de amor y compañía, y se dirige habitualmente a los demás
como "cielo", "guapo" y "amor", al igual
que Spike. También al igual que él es apasionado en el sexo,
como su contemporáneo amigo Jack Harkness, es omnisexual (la diferencia
con bisexual estriba en el hecho de que no hacen ascos ni a terrícolas
ni a alienígenas). Joss Whedon, creador de la serie Ángel
ya mencionada, confirma que hubo un encuentro sexual Spike/Ángel,
lo cual se desvela sutilmente casi al final de esa serie.

En esta imagen se aprecian bien las indumentarias de
ambos héroes. James Marsters tampoco se cambia de ropa en Torchwood,
y además sale perdiendo con respecto a John Barrowman (claro que
a éste aunque le vistas con un saco no dejará de estar favorecido).
La casaca roja abierta le sienta mal, la camiseta parece sucia y las botas
con el pantalón remetido son... ¿qué decir? También
ignoramos en este caso la razón de su irracional apego a esa vestimenta
de tiempos pasados. Pero sin duda la culpa de esta fijación en
la mente de los creadores la tienen los comics de lo héroes clásicos.
Es un buen momento para hacer notar que el héroe
sobrenatural actual se nos presenta siempre con amplias dosis de erotismo,
y
muchas veces (cada vez más a menudo y más abiertamente)
de homoerotismo. Los creadores por fin están empezando a explotar
el filón -una sociedad más abierta de miras se lo empieza
a consentir, con cuentagotas- de que el romance masculino gusta a las
mujeres, de que un beso entre dos hombres las deja pegadas a la pantalla
para luego correr a escribir una sucesión de "fics" fantaseando
sobre el tema (Fic= Fan Fiction, relatos escritos por los fans basándose
en personajes de novelas, películas o series televisivas) y en
seguida perderse en acalorados debates en foros dedicados a la relación
Louis/Lestat, Ianto/Jack, John/Jack. Tanto es así que la utilización
de esta barra (/) entre los nombres ha dado lugar a la denominación
de este género de relatos homoeróticos como "Slash"
(palabra inglesa que significa "barra"). Como este tipo de historias
románticas entre hombres vienen siendo largamente desarrolladas
en los comics japoneses tienen dentro de éste su propio género,
el Yaoi, Yuri cuando las relaciones son entre mujeres.
Brevemente menciono a otro tipo de héroe: el androide
llorica que quiere ser humano. Y lo menciono por eso: porque, al igual
que el resto de héroes, quiere ser humano, descender de su pedestal
de fuerza, genio y ausencia de sufrimiento para ser como los espectadores
-o lectores. Y la presunción de escritores y guionistas es tal
que piensan que pueden convencernos de eso a nosotros, los adoradores
del héroe. ¿Con qué objeto? ¿Consolarnos de
que nunca podremos serlo? ¿Se trata de una especie de moralina
con fines lenitivos y estimulantes, como: el ser humano es lo mejor del
universo y cualquier otro ente nos envidia, así que no tiene objeto
intentar ser distintos a lo que somos? No me es posible arrojar luz sobre
este punto. El cybor llorica, como en Blade Runner (Basado
en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?)
es inteligente, fuerte y, sobre todo, amante de la lírica. Si encuentras
algún fan de esta película que no sepa de memoria el discurso
final del líder de los replicantes mereces un premio: Yo he
visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más
allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad
cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán
en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.
Concluyamos las características comunes a la mayoría
de los héroes. No todos las cumplen todas, pero sí muchas
de ellas:
- Son superiores al ser humano física y/o intelectualmente.
Poseen mayor fuerza o más experiencia y/o un cerebro superior.
- Son cuasiinmortales. En realidad siempre pueden morir, pero no sin
antes vivir mucho más de lo que les hubiera correspondido.
- No importa la edad que tengan se apañan para lucir siempre
guapos y lozanos.
- Suelen reunir una o varias de estas cualidades: elegancia (o ellos
creen que la tienen), hedonismo, irónía e ingenio, inteligencia.
- No se cambian de ropa. (Buffy sí, pero Xena y su amiga casi
nunca, de modo que generalizamos para ambos sexos.)
- Acaban detestando su cuasiinmortalidad o poderes. Admiran y/o envidian
a los mortales o humanos corrientes.
- Estarán siempre solos, no importa cuánta gente los
rodée, pero buscan compañía humana. (Para que
el espectador se refleje en ellos, según los guionistas. ¿Aciertan
en su juicio sobre nuestro deseo?).
- Pueden ir en pareja. Esto se convierte en una suerte de la eterna
conjunción Don Quijote/Sancho Panza, donde el adjunto al héroe
se utiliza como contrapunto humano que a menudo devuelve al héroe
al redil de la bondad y compasión en sus momentos de descarrío,
o, cuando se trata de una compañía a su mismo nivel,
le enfrenta a su pasado.
- Tienen un pasado entre turbio y abominable del que redimirse.
- Son salvadores. Esto los acerca a los profetas antes comentados.
- Son vulnerables. Sufren traumas antiguos, pérdidas de seres
queridos. Necesitan ser amados, pero nunca encuentran un amor duradero
o confiable.
- Se enamoran del interior de las personas, sin importar la carcasa,
de forma que las relaciones con alguien de su propio sexo se han hecho
naturales. Este punto se disimula o elimina en las series destinadas
a "horario infantil", lo cual no hace sino estimular la
fantasía de los fans para la creación de miles de relatos
sobre la relación de la pareja en cuestión (por ejemplo,
Xena/Gabrielle).

En la serie Héroes las características
del Héroe único se reparten entre todos los elegidos:
la inmortal, el repeinado vestido de negro, el japonés con su
colega humano inseparable, etc. todos unidos en una batalla apocalíptica
contra el mal, y, mientras llega, en lucha con sus adversas circunstancias
familiares y sus propios demonios interiores, metáforicos o no.
Claro antecesor de estos personajes fue la más meritoria serie,
y película, Mutantes.
A la vista está lo escasamente que ha cambiado, en lo fundamental,
la personalidad de los héroes desde Heracles (Hércules
para los romanos) -asesino de sus hijos, penitente y finalmente héroe-
hasta hoy. El
héroe actual sigue presentando las características de
un semidios que se ve asolado por los sufrimientos tanto de su parte
humana como de la divina -demoniaca, vampírica o sobrehumana
por cualquier otra razón- y acaba erigiéndose en líder
de una batalla "final". A menudo seres superiores juegan con
él, le otorgan o quitan poderes y participan en su destino.
A la izquierda, la reinterpretación actual de Hércules
en la serie del mismo nombre. Prototípico como todos: fuerza
sobrehumana, vestimenta única, pelo perfecto, con acompañante
amigo del alma sin poder ninguno, atormentado por la pérdida
de seres queridos, sentimental y vulnerable, acosado por los dioses,
salvador de todo lo que se le cruza por delante...
Como comentaba más arriba, los guionistas reinciden de continuo
(añadamos a la lista Moonlight y Blood
Ties, sólo por mencionar algún otro ejemplo de
personaje clónico) en esa insistente e infantil cantinela moralizante
según la cual las diferencias del héroe -su superioridad-
frente a los demás mortales se convierten en una carga que ha
de esforzarse en eliminar si quiere llegar a ser feliz. (¿No
es el mensaje, pues, si quieres ser feliz, sé del montón,
no destaques, piérdete entre la manada?). ¿Fue la de Louis
de Point du Lac la primera crisis de conciencia vampírica? ¿Tanto
gustó la idea como para repetirla hasta la saciedad incluso cuando
no tiene justificación racional?
El vampiro clásico, Drácula, no muestra
arrepentimiento alguno en su maldad perfecta y, desde luego, no ansía
la mortalidad ni aspira a salvar el mundo. Pero, por lo demás,
reune varias de las características citadas: es superior físicamente,
cuasiinmortal, luce estupendo y aparenta no más de treinta años,
es elegante, hedonista, no se cambia de ropa y busca compañía
constantemente. Sólo han tenido que ir haciéndose unos
cuantos añadidos sobre esta plantilla para convertirle en un
héroe más a la moda -decidida por los guionistas y copiada
de unos a otros- actual. Drácula no es un héroe moderno,
pero sienta ciertas bases, y a mí me gusta bastante más.
Como vemos, la construcción de un héroe sobrenatural
es sencilla y apenas ha sufrido retoques en los últimos dos mil
años, salvo por un hecho evidente: es muy reciente el que un
ser procedente del mal llegue a elevarse a la categoría de héroe.
De alguna parte del subconsciente del guionista -o de las exigencias
de los anunciantes del horario en que se transmite la serie- surge la
necesidad de retocarlo, de dotar a su vida de moraleja y necesidad de
redención.
¿Escogeríamos otra opción si hiciésemos
nosotros ese guión? Apuesto a que yo sí.
Tras estas conclusiones, tiendo a creer que la creación tanto
de los héroes vampíricos como de los procedentes del mundo
de la ciencia ficción se destina fundamentalmente a satisfacer
las fantasías sexuales de las mujeres, quienes han demostrado
ser las mayores consumidoras, fans y adoradoras de este bello macho
alfa, letal pero domesticable, punto sobre el que me extenderé
en un próximo artículo.
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